La economía al servicio de la vida

El mejor indicador que tenemos para medir el éxito de algo es el crecimiento. Pero, ¿acaso el crecimiento puede ser una medida de prosperidad en la vida?

Si algo crece, debe ser bueno: los bebés, los árboles, nuestros bolsillos… Son muy pocos los casos donde el crecimiento se ve como algo negativo. 

Así que no es tan extraño que creamos fácilmente que el progreso económico deba estar en constante aumento. La invitación es a que pensemos de forma distinta, porque no es lo mismo crecer que prosperar. 

Analicemos: ¿de dónde viene esta obsesión por el crecimiento?  En su plática de TED, Kate Raworth, una economista brillante, explica que el PIB (Producto Interno Bruto), esa medida que tanto nos encanta, es solo el costo total de los bienes y servicios vendidos en una economía durante un año, sin necesariamente incluir sus costos ocultos (mano de obra, uso de recursos, etc.). 

Fue inventado en los años 30,  pero muy pronto se convirtió en la meta primordial, en la creación de políticas, tanto que incluso hoy en día, donde tenemos retos radicalmente distintos, en los países más ricos, los gobiernos piensan que la solución a sus problemas económicos radica en un mayor crecimiento del PIB. 

Pero, ¿qué pasa si esa idea de crecimiento comienza a perder el encanto? Y es que los economistas de la década de los sesenta, comúnmente tenían que vender la idea de progreso económico para cumplir con las promesas de aspirantes políticos, no cuestionarse si eso era factible o no. 

Ahora henos aquí, más de medio siglo después, con economías que han llegado a esperar, exigir y depender de un crecimiento interminable, porque es como si fueramos financiera, política y socialmente adictos a esto. Pero cada vez es más evidente el ocaso de estas ideas.  

“Ninguna de estas adicciones son inquebrantables, pero todas merecen mucha más atención de lo que reciben actualmente, porque miren hacia dónde nos ha estado llevando este viaje. El PIB global es 10 veces más grande de lo que era en 1950 y ese aumento ha traído prosperidad a miles de millones de personas, pero la economía global también se ha vuelto increíblemente divisiva, con grandes cuotas de rendimiento a la riqueza acumulando ahora una fracción del 1 % global. Y la economía se ha vuelto increíblemente degenerativa, desestabilizando rápidamente este planeta delicadamente equilibrado sobre el que dependen nuestras vidas. Nuestros políticos lo saben, y le brindan nuevos destinos al crecimiento. Pueden tener crecimiento ecológico, inclusivo, crecimiento inteligente, resistente y equilibrado. Elijan cualquier futuro que desee siempre que elijan crecimiento.” 

Kate Raworth, economista. 

Entonces, ¿qué pasaría si cambiáramos de meta? Satisfacer las necesidades de todas las personas  con los medios disponibles de este planeta extraordinario, único y vivo para que nosotros y el resto de la naturaleza podamos prosperaro, en otras palabras, poner la economía al servicio de la vida, y no al revés. 

En este reto tan ambicioso que nos toca vivir, no podemos hablar sólo de dinero, necesitamos muchos más indicadores: el acceso a servicios a básicos, la educación, la voz política y el uso de recursos, esto invita a una nueva forma de ver el progreso, ya no sólo con crecimiento económico sino una visión integral de la prosperidad. 

Necesitamos crear economías que aborden estos retos desde su diseño, más regenerativas e inclusivas, porque hemos heredado ideas degenerativas: tomamos los materiales de la Tierra, los convertimos en lo que queremos, los usamos por un tiempo, a veces solo una vez, y luego los tiramos, y eso nos está llevando al extremo de los límites del planeta.  

Tenemos que girar esas flechas, crear economías que trabajen con y dentro de los ciclos del mundo viviente, para que los recursos nunca se agoten, sino que se usen una y otra vez, economías que funcionen con luz solar, donde el residuo de un proceso sea el alimento del próximo.  

Esta forma de pensar sobre el crecimiento no es familiar, pero si miramos de nuevo a la naturaleza, a la vida… nada crece por siempre. Lo que crece, eventualmente madura, y es allí donde pueden prosperar por mucho tiempo. Entonces, ¿por qué pensamos que nuestras economías serían el único sistema que podría vencer esta tendencia y tener éxito al crecer para siempre? 

Tener límites no tiene por qué hacernos sentir limitados: 

“Las personas más ingeniosas del mundo convierten los límites en la fuente de su creatividad. Desde Mozart con su piano de cinco octavasJimi Hendrix con su guitarra de seis cuerdas, Serena Williams en una cancha de tenis. Son los límites los que desatan nuestro potencial. Y los límites de la rosquilla dan rienda suelta al potencial de la humanidad para prosperar con creatividad ilimitada, participación, pertenencia y significado 

Kate Raworth, economista. 

Es así como los cambios suceden, cuando cambiamos los ojos con los que vemos los retos.

Publicado por Andrea Borges

Venezolana, 25 años. Viviendo en México desde el 2008. Ingeniera en Desarrollo Sustentable, con formación en pensamiento sistémico y sus bases para cambios colectivos. Con experiencia en sustentabilidad, impacto social, regeneración, y su implementación en el sistema empresarial. Con particular afinidad por los datos y su análisis para la medición de impacto. Apasionada por generar condiciones que inspiran transformaciones sistémicas, los viajes y la naturaleza.

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