¿Por qué importa cómo comunicamos para la sustentabilidad?

Como especie humana, hemos ido escalando la pirámide de poder gracias a un diferenciador único que tenemos: la colaboración. 

Todos nuestros logros, el desarrollo tecnológico, avances científicos en salud, ir a la Luna, o incluso los capítulos lamentables de nuestra historia, como las guerras o genocidios se dan porque un grupo sólido de personas decidieron colaborar y creer en lo mismo: porque, aunque no nos conozcamos, podemos trabajar juntos para crear cosas. 

¿Qué es lo que nos permite cooperar así? Yuval Noah Harari, historiador, filósofo y autor de Sapiens, un libro que explora nuestra historia como humanos, atribuye este sentido de cooperación a la creatividad que nos permite crear historias y narrativas: en la medida muchas personas creen las mismas fábulas, comienzan a obedecer reglas y compartir valores (Dios, el cielo y el infierno, los derechos humanos, las naciones, la política, y el más universal de todos, el dinero) 

En esencia, algunos son cosas que podamos tocar, otros no, pero su significado y el valor que les damos viene de, precisamente, una narrativa: si te portas bien irás al cielo, todos tenemos derecho a una educación de calidad, del Río Bravo para arriba es Estados Unidos, y así con un montón de cosas que son parte de nuestro sistema. Algunas nos ayudan a coexistir en paz, otras son sólo producto de un paradigma. 

En la medida en que la historia tomó su curso, esta “realidad inventada” fue evolucionando para ir adquiriendo más poder, al punto que tienen más peso que la realidad objetiva.  

Es importante que reconozcamos esta complejidad en nuestra forma de ser pues hoy por hoy, son muchos los retos que apremian, y pocas narrativas que construyan soluciones.  

Entonces, ¿cómo le hacemos para contar mejores historias que inspiren al cambio o a la acción a las problemáticas ambientales o sociales con las que vivimos? 

Per Espen Stoknes, que, en mi mejor interpretación, es un narrador que ha unido la psicología y la economía para reimaginar nuestras relaciones como humanos. Él, ha logrado identificar los mecanismos de defensa que tenemos como humanos cuando una narrativa nos incomoda, tal como lo es, por ejemplo, el cambio climático

Es común que nos distanciemos del problema, pues lo percibimos como algo lejano e impersonal, además, ser fatalistas, nos hacer ser indiferentes: no hay nada que podamos hacer a tiempo para cambiarlo. Por otro lado, podemos alejarnos de la realidad y construir justificaciones: “si soy el único que cambia su dieta, no hará la diferencia” o peor aún, negar el problema. 

Todo lo anterior, porque la narrativa que hemos utilizado, no necesariamente promueve la inspiración o colaboración. 

Si pensamos en los periodos de revolución que hemos vivido como humanidad, creo que son la mejor representación de desafío ante narrativas ya institucionalizadas: ¿por qué algo tiene que ser como es? ¿por qué no puede ser distinto? 

En un contexto de cambio climático, inequidad social y un sistema económico poco sostenible, tenemos la oportunidad de construir mejores narrativas para solucionar estas problemáticas.  

Así, Stoknes plantea varias formas sobre cómo superar estos mecanismos de defensa: 

  1. De sentirlo distante a sentirlo cerca: o en otras palabras, “traerlo a casa” y crear normas sociales para las soluciones. Como lo es el tema de colocar paneles solares en una casa en un fraccionamiento. Cuando un vecino los instala, el potencial de que otros lo hagan, aumenta. Así, se va creando la nueva normalidad. 
  1. De fatalidad a oportunidad: en vez de desastres y costos, se trata de una oportunidad para mejorar nuestra salud con hamburguesas veganas, por ejemplo. O de traer innovación tecnológica o brindar seguridad financiera a través de una nueva gama de empleos.  
  1. De la disonancia a pasos pequeños: dando pequeños “impulsos” desde muchas trincheras. Por ejemplo, al reducir el tamaño de los platos en los buffets, las personas tienden a servirse menos comida y así se genera menos desperdicio. La disonancia baja cuando se impulsan pequeños ajustes en los comportamientos más tradicionales. 
  1. De negación a emoción: adaptando los mensajes para que visualicen progreso, por más pequeño que sea, haciendo comentarios alentadores. Por ejemplo: “gracias a tus viajes en bici de todo el mes, lograste lo equivalente a plantar 1 árbol” O incluso hacerlo competencia o “gamificarlo”, hay varias aplicaciones móviles que miden los progresos de equipos en relación a metas ambientales y que pueden usarse en empresas o vecindarios 

Si bien las acciones individuales tienen poco impacto sobre el clima, al estar profundamente interconectados, sí que construyen un soporte ascendente más fuerte para políticas y soluciones que sí pueden. Por eso es que involucrar a las personas es crucial, y si lo hacemos con narrativas que transformen la consciencia colectiva podemos imaginar nuevas posibilidades. 

“¿Y sí reinventamos el clima en sí mismo como el aire viviente? 

El clima es este aire que nos rodea, el aire que se mueve ahora en la nariz, la piel de nuestra Tierra… Puede parecer infinito cuando miramos hacia arriba pero no es más que un frágil envoltorio alrededor de una bola masiva. 

Dentro de esta piel, todos estamos estrechamente conectados. El aire de la respiración que acaban de tomar contenía alrededor de 400,000 de los mismos átomos de argón que Gandhi respiró durante su vida. Dentro de esta película delgada, fluctuante e inestable, toda la vida se nutre, protege y sostiene… 

Con el extrañamiento global ante el clima, hay buenas razones para sentir miedo y desesperación, sin embargo, podemos entristecernos por el lamentable estado y las pérdidas de hoy para luego mirar hacia el futuro con ojos sobrios y determinación. 

Estas son las historias de cómo logramos la reducción, la reversión del calentamiento global. Estas son las historias de los pasos que pueblos, ciudades, empresas y organismos públicos toman para cuidar el aire a pesar de los fuertes vientos en contra. Estas son las historias de los pasos que damos porque cimientan lo que somos como humanos: terrícolas dentro de este aire viviente” 

Per Espen Stoknes 

Entonces, para todos los agentes de cambio allá fuera, pensemos en narrativas que permitan que colaboremos hacia un futuro más próspero, no nos llenemos de tecnicismos, culpabilidad o fatalismo, sino de inspiración y cooperación, porque la mejor parte de nuestra trama como humanidad, aún está por escribirse. 

Publicado por Andrea Borges

Venezolana, 25 años. Viviendo en México desde el 2008. Ingeniera en Desarrollo Sustentable, con formación en pensamiento sistémico y sus bases para cambios colectivos. Con experiencia en sustentabilidad, impacto social, regeneración, y su implementación en el sistema empresarial. Con particular afinidad por los datos y su análisis para la medición de impacto. Apasionada por generar condiciones que inspiran transformaciones sistémicas, los viajes y la naturaleza.

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