Hackeando el sistema

Hay una historia de la India que habla de una ciudad cuyos habitantes eran ciegos y un día llegó un rey cabalgando a un elefante acompañado de su ejército. 

Curiosos por saber qué tipo de animal era, algunos de los ciegos se apresuraron a tocar al elefante. Uno de ellos, al sentir la trompa del elefante, afirmó que era como una serpiente gigante. Otro, tocando sus pies, dijo que era como el tronco de un árbol robusto. Y así, la pelea continuó con cada hombre alegando que su impresión del elefante capturó su verdadera forma y semejanza. 

La moraleja: para comprender algo correctamente, las partes deben entenderse en relación con el todo. 

Ahora, pensemos en nuestra economía y las relaciones dentro del sistema económico. 

Podemos definir economía como el proceso en el que una sociedad utiliza los recursos naturales para crear productos y servicios que las personas necesitan o desean. Es por ello que no podemos hablar de economía sin medio ambiente o de la sociedad, son sistemas interdependientes: la vitalidad de uno afecta la vitalidad de todos ellos. 

Para nadie es un secreto que tenemos un modelo económico lineal, donde extraemos y agotamos recursos para crear bienes o servicios de forma ”ilimitada”, perturbando así, el equilibrio vital que existe entre la economía, la sociedad y el medio ambiente. Si no vemos las esferas económica, social y ambiental como íntimamente conectadas, perderemos el foco; así como los ciegos malinterpretaron al elefante. 

Por ejemplo, es común que la problemática de la pobreza se aborde con soluciones asistencialistas, como dar despensas. Eso no sólo no resuelve de raíz el problema, sino que hay implicaciones ambientales y sociales más profundas que no necesariamente conducen a un bienestar económico de largo plazo. Si pensáramos en estas poblaciones vulnerables como focos de desarrollo con huertos sostenibles, por ejemplo, y que pudieran incorporarse al ciclo económico a través de la venta de estos productos, entonces la conversación es distinta. 

Ahora bien, no creo en la necesidad de crear un modelo económico nuevo, sino en ajustar el que tenemos. En ese sentido, ha tomado fuerza en los últimos años, la economía circular, que precisamente resignifica las relaciones que hay dentro de nuestro sistema económico.  

Pero, ¿cómo? 

La economía circular se basa en tres principios clave: 

Diseñar los productos o servicios para que no generen residuos, porque precisamente los residuos son eso, un error de diseño. 

Precisamente los residuos son eso, un error de diseño. Pensar en cómo sacarlos de la ecuación, volvemos más armónico el equilibrio de las esferas (economía, sociedad y medio ambiente). Una forma de empezar es entendiendo el impacto general de nuestros productos y servicios, a través de un análisis de ciclo de vida. (Ali, nos explica con más detalle aquí). 

Por ejemplo, hay personas utilizando hongos utilizando hongos para crear una clase completamente nueva de materiales que funcionan como el plástico durante su uso, pero están hechos de desechos de cultivos y son totalmente compostables al final de sus vidas. 

Mantener el uso de los productos y materiales lo máximo posible

Podemos diseñar productos y componentes para ser reusados, reparados o que se vuelvan materia prima para otros productos o servicios, así maximizamos la vida útil de nuestros recursos mientras que activamos nuevas cadenas económicas. Hacer que las cosas “duren para siempre” no es la única solución. 

Por ejemplo, los auriculares Gerrard Street son una startup con sede en los Países Bajos que han adoptado dos elementos fundamentales de la economía circular. El diseño de sus productos es modular y no utiliza pegamento, por lo que son fáciles de desmontar, reparar o agregar nuevo hardware, de modo que hasta el 85% de ellos se pueden incluir en nuevos modelos. Los auriculares se ofrecen a los clientes como una suscripción en lugar de una compra transaccional. 

Regenerar los sistemas naturales

Esto implica que podamos migrar de una visión de protección al ambiente a una más regenerativa, en la que podemos reparar y mejorar el daño que estamos causando. En la naturaleza no existe el concepto de desecho o residuo, todo se vuelve “comida” para algo más. No se trata de hacer menos daño sino de aspirar a hacer el bien

Tal es el caso de Ostara Nutrient Recovery Technologies, una empresa con sede en Vancouver, ha adoptado un enfoque integral para gestionar los flujos de nutrientes. El resultado es un innovador proceso de adición de aguas residuales a la cadena natural y un producto de fertilizante puro que genera ingresos para el negocio. 

Puedes conocer más casos gracias al trabajo de la Fundación Ellen MacArthur, el máximo referente de economía circular a nivel mundial. 

 
En concreto, se trata de una nueva forma de diseñar, hacer y usar cosas dentro de los límites de nuestro planeta, involucrando a todos y todo: empresas, gobiernos e individuos; nuestras ciudades, nuestros productos, servicios y nuestros trabajos. Al diseñar para no generar residuos, maximizar el uso de nuestros materiales y regenerar los sistemas naturales, podemos reinventar todo. 

Entonces lectores, por hackear al sistema, me refiero a verlo completo, desde todos los ángulos y con una mirada nueva. Sólo así podremos domar al elefante. 

Publicado por Andrea Borges

Venezolana, 25 años. Viviendo en México desde el 2008. Ingeniera en Desarrollo Sustentable, con formación en pensamiento sistémico y sus bases para cambios colectivos. Con experiencia en sustentabilidad, impacto social, regeneración, y su implementación en el sistema empresarial. Con particular afinidad por los datos y su análisis para la medición de impacto. Apasionada por generar condiciones que inspiran transformaciones sistémicas, los viajes y la naturaleza.

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