¿Se pueden evaluar los programas sociales?

En general se cree que lo único medible y comprobable son las ciencias exactas, y es por ello que se “discrimina” la medición en ciencias sociales. Como no se pueden tener las condiciones ideales, ni al objeto de estudio aislado, se cree que los experimentos o programas sociales no son confiables en sus mediciones y resultados.

Lo anterior debería parecer algo absurdo ya que, sin importar el origen y objetivo de un proyecto, hay formas de medir y comparar resultados. Un proyecto necesita tener indicadores y parámetros para monitorear y determinar si se alcanza un objetivo o no. Existen diversas metodologías según lo que se quiera analizar y la mayoría son adaptables a distintos proyectos.

Cuando hablamos de programas sociales, existen diferentes evaluaciones con sus respectivos indicadores. De acuerdo con Magdalena Valdés, Directora Ejecutiva de J-PAL LAC, existen los siguientes 5 grupos:

  1. Evaluación de necesidades:
    1. Consiste en identificar una necesidad a partir de una problemática e investigar su contexto. Identificamos la situación deseada contra la situación actual, y a partir de ahí determinamos: el enfoque del programa, el alcance, la población objetivo, etc.
  2. Evaluación teórica:
    1. Es un análisis sobre la teoría detrás del programa. Busca verificar que sea viable, factible y que la teoría de cambio propuesta realmente atienda las necesidades de la población objetivo.
  3. Evaluación de procesos:
    1. Simplemente es medir la implementación del programa. Todo programa debe tener elaborado un plan que garantice su ejecución para alcanzar el objetivo deseado. Esta revisión permite monitorear el cumplimiento del paso a paso.
  4. Evaluación de impacto:
    1. Se analiza si el programa tiene los efectos esperados, si hay algún efecto no planificado, si la población se está beneficiando por igual, etc. 
  5. Evaluación de eficiencia:
    1. Incluyen análisis de costo-beneficio y análisis de costo-efectividad, para comparar con otros programas que tengan el mismo objetivo, entre otras cosas.

Como pueden ver, existen diferentes tipos de evaluaciones que pueden aplicarse. Dada la naturaleza y objetivo de cada evaluación, podemos asumir que todas deben llevarse a cabo, pero no siempre sucede así. Esto se debe a diferentes factores y creencias que, afortunadamente, han ido evolucionando al pasar de los años.

Si un programa es nuevo o si se trata de un programa que atenderá una necesidad que no había sido atendida antes, se está actuando “a ciegas” porque no hay un antecedente sobre si las acciones que se llevarán a cabo tendrán el efecto deseado en la población o no. Claro, una vez ejecutado el programa se conocerá el impacto y se genera un antecedente para futuros proyectos.

Los programas sociales son de alta importancia ya que buscan mejorar la calidad de vida de las personas, actuando desde diferentes ángulos para garantizar el bienestar y el progreso. El monitoreo de la efectividad y los beneficios brindados por estos programas es vital para mejorarlos, reorientarlos, rediseñarlos o reproducirlos. Se debe saber medir e interpretar los datos para que sean utilizados de la mejor manera y en pro de las personas.

Publicado por Alitza Vargas

Ingeniera en Desarrollo Sustentable, apasionada por la gestión de proyectos y el aprendizaje continuo. Con experiencia en proyectos de mejora en eficiencia operativa, estandarización y productividad dentro de los sectores de: construcción y bienes raíces; química, petroquímica, y embalaje; industria; comercio minorista; y telecomunicaciones. Creo firmemente que la sustentabilidad puede y debe ser incorporado a la gestión de toda empresa para asegurar su éxito, adaptabilidad y crecimiento en el mundo.

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