¿El 2020 es un “respiro” para el medio ambiente?

En los últimos meses he escuchado en la radio, he visto en las noticias y he leído en redes sociales a una gran cantidad de personas diciendo que “la naturaleza está retomando lo que es suyo”, que “la vida vuelve a surgir sin los humanos”, que “el planeta se está dando un respiro de nosotros”, por mencionar algunas de las expresiones.

Sin embargo, creo que nos estamos perdiendo de una reflexión mucho más profunda por maravillarnos con el efecto que ha surtido nuestra ausencia en el mundo. Claro, es increíble ver los cielos despejados, animales transitando libremente, incluso la disminución de contaminación visual que nos permite admirar los paisajes; la arquitectura y diseño de las ciudades. Sí, debemos admirar todo lo que está pasando, pero… ¿qué pasará cuando la contingencia sanitaria por el COVID-19  termine?

Podemos analizar hechos y datos del pasado. Si tomamos como referencia la crisis financiera mundial del 2008, las emisiones provenientes del uso de combustibles fósiles y la reducción en la producción de cemento se redujeron en 1.4%. Esto pudo significar algo bueno en dicho año, pero en 2010 se descubrió que estas emisiones aumentaron un 5.9%.

En el corto plazo, esta crisis sanitaria pareciera tener un efecto positivo en el medio ambiente dada la reducción de emisiones, de consumo, de tránsito de vehículos, en fin… una reducción de nuestra participación con el entorno. Pero no se debe perder de vista que aún no se sabe cuál será la magnitud del impacto que tendrá a medio y largo plazo.

Eventualmente, las personas saldrán, se abrirán las fronteras y se incrementará la actividad humana. El transporte será utilizado nuevamente con regularidad, los patrones de consumo tal vez se modifiquen, pero tal vez no.

Habrá nuevas medidas de higiene en todos los negocios y en todos los productos vendidos, lo cual podría resultar en un incremento de residuos. Tal vez, exista gente que quiera viajar más para “desquitar” el tiempo no aprovechado; quiero decir, hay muchas cosas que desconocemos sobre cómo nos adaptaremos a esta “nueva normalidad”, por lo tanto, es difícil predecir cuál será el impacto que recibirá el medio ambiente con esos nuevos patrones de conducta.

A pesar de esta incertidumbre, hay algo de lo que podemos estar seguros. Está en nosotros el hacer algo. Esas “micro acciones” que podemos ejecutar en nuestro día a día para reducir nuestro impacto individual en el ambiente, son importantes, tanto en el impacto como de ejemplo e inspiración para las personas que nos rodean. Estará en nuestras manos seguir exigiendo a las empresas que adopten un modelo sustentable para sus negocios.

El perder de vista el mediano y largo plazo de las decisiones que tomamos en el día a día ha demostrado ser peligroso y sumamente dañino. Sí, disfrutemos el ahora, pero al menos en lo que respecta a temas de sustentabilidad, no debe distraernos del futuro.

Publicado por Alitza Vargas

Ingeniera en Desarrollo Sustentable, apasionada por la gestión de proyectos y el aprendizaje continuo. Con experiencia en proyectos de mejora en eficiencia operativa, estandarización y productividad dentro de los sectores de: construcción y bienes raíces; química, petroquímica, y embalaje; industria; comercio minorista; y telecomunicaciones. Creo firmemente que la sustentabilidad puede y debe ser incorporado a la gestión de toda empresa para asegurar su éxito, adaptabilidad y crecimiento en el mundo.

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